lunes, 15 de diciembre de 2008
Retablo
El agua caliente relaja sus músculos, tiene la espalda muy adolorida, cierra los ojos y no tiene que esforzarse mucho para concentrarse: los senos pequeños, la cadera más que redondeada y la boca ultra fina.
Al salir de la regadera derrama a propósito el shampoo, le gusta observarla mientras se agacha para enjuagar, le gusta percibirla limpiando las catástrofes que organiza, también desordena la habitación (una de las mejores partes del día es imaginar a la muchacha levantando su ropa interior, revisando cajones, tocando y dejando su aroma por todos lados).
Apenas hace 6 meses que llegó, y lo primero que notó fue el tono tan oscuro de su piel y la pulcritud en el corte de cabello; desde que la conoce conserva la forma original, al hombro con un flequillo que la hace lucir muy joven y con el rostro más alargado. A pesar del niño le permitió vivir en la casa, siempre había evitado a las mujeres con hijos pero le fue imposible rehusarse, ella soltó un suero entumecedor desde el momento en que abrió la puerta, en alguna ocasión le preguntó si lo había tenido muy joven:
- No era tan chamaca, pero ya había tirado dos cuando al fin se me logró este.
A su parecer sigue siendo chamaca (su cálculo; unos 28 años en comparación con sus cuarenta y tantos).
Dentro de todo detesta esa playeritas religiosas que gusta de usar con imágenes, letras y oraciones horribles: virgencita de Juquila bla bla, Santo Niño Pa, etc; incluso ha pensado en uniformarla pero eso evitaría el deleite de observarla cuando viste las blusa de tirantes delgados que lleve tan bien sin sostén o cuando usa esos jeans tan pasados de moda que amoldan en corazón sus nalgas.
La casa siempre había sido silenciosa y ella no hizo la diferencia; pero si la inundó de una cierta quietud, de un doloroso olor a guayaba y de una fútil lasciva dominación. Todo se transformo en una maquinaría perfecta conformada de 4 simples engranes.
Acabó de vestirse, bebió el jugo que le dejó sobre la mesa, tomó el portafolio y con la perilla de la puerta en la mano dijo:
– Me voy
La escucho correr con dificultad – espéreme tantito – Observó su reloj, 10 para las 9.
- Quería pedirle permiso para salir mañana; vamos a la peregrinación que organiza mi tía y …
- Está bien, regresa hasta el domingo en la mañana.
- ¡Gracias! Usted siempre tan buena señora, voy a pedirle a la virgencita para que le cumpla lo que más desea.
Sonrió, le recomendó cuidar al niño y contuvo las ganas de darle un beso antes de salir apresurada.
LACE
15, Diciembre, 2008
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