¿Quién pensó que el helado y las lunetas eran una buena combinación? Pero era la única opción en el congelador del mini súper y fue una suerte encontrarlo abierto, su azúcar en sangre descendía y comenzaba a ponerse más malhumorada de lo usual. Agradeció a su cuchara de emergencia en la guantera y mientras engullía el mantecado dentro de la vieja Caribe pensaba: sólo los que se suicidan en Navidad son más patéticos.
No quería manejar, después de trabajar toda la noche lo que deseaba era su cama, no encontrar a alguien dentro de ella y pomada para la irritación debajo su papada. Arrancó; el camino fue más agrio de lo usual, recordó a la niña con el vestido de terciopelo y su facie de asco al abrirle la puerta. Paró en un puesto callejero de tacos, devoró algunos, sintió el sudor de invierno, volvió al asiento del auto, girando la llave de arranque sonó el celular: una fémina adolescente
- ¿A qué hora llegas? ¿Otra vez horas extra?
- Voy para allá.
Mientras intuía el camino encendió la radio; tan sólo repeticiones con lo mejor del año o entrevistas a estrellas de antaño que casi nadie recuerda. Pisaba el acelerador y el botín quemaba su tobillo, de pronto el ardor: único pensamiento. Cualquiera salía del edificio al llegar, se sintió aliviada de no tener que movilizarse para abrir, cuando al fin acabo de subir las escaleras lo que deseaba era quitarse el ajustado uniforme de poliéster que enrojecía su entrepierna.
Apenas abrió la puerta su hija le reclamó la porquería de regalo que dejo bajo el árbol, le informó que no había nadie más y salió de la casa con un azote. Tomó un pan de la cesta sobre la mesa; aventó las cosas en la sala, mordisqueó, he intento sortear el espacio entre un sofá y un esquinero pero al final su nalga empujo el portarretratos, se inclino para levantarlo y mientras se recuperaba observó la rajadura del vidrio cortando el rostro de su padre, sintió el sabor a hule espuma de las migajas en su boca, suspiró.
La fotografía regresó a su lugar, el pantalón fue al piso y ella corrió a ovillarse en la cama.
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1 comentario:
Pues bien, va la crítica: El primer párrafo inicia alto aunque es necesario revisar la redacción pues dar lulugar a confusiones como ¿Desciende el azúcar en la sangre del mini súper o de quien? ¿Es necesario especificar el modelo del auto? Los nombres de los modelos pueden diferir de acuerdo al país y un lector puede pensar en un auto elegante o caro, contrario a la idea que se pretende dar aquí.
"el camino fue más agrio de lo usual, recordó a la niña con el vestido de terciopelo y su facie de asco al abrirle la puerta." Esta frase no concuerda con el resto del párrafo. De hecho, quizá pueda prescindir de este párrafo, a excepción de las dos primeras líneas no aporta mucho a la narración.
La frase del tercer párrafo no es verosímil: "Mientras intuía el camino" Si es el camino de todos los días entonces no lo intuye, lo conoce. También la frase "tan sólo repeticiones con lo mejor del año o entrevistas a estrellas de antaño que casi nadie recuerda" me parece una aclaración innecesaria y quizá sea bueno aclarar cual el el trabajo o labor de la protagonista.
El momento del cuarto párrafo sobre la caida del retrato puede aportar mayor fuerza y sabor al cuento.
Necesita mayor desarrollo y puede enfatizarse lo vacía y consumista que resulta la navidad, que en realidad son pocas las familias que celebran como en la tv.
He dicho, je.
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