lunes, 8 de diciembre de 2008

Afasia.

Junto a ella mi vida sucede distinto, no sé que buscaba cuando llegó pero le doy lo único que puedo ofrecer y quiero pensar que lo disfruta.

Puedo recordar cuando la conocí porque ella encontró -no sé donde- un calendario empolvado, lo colgó en la cocina y en él ha llevado cuenta de los días. Fue un lunes que pintaba para ser funesto –como suelen ser los lunes-. Apenas había terminado mi desayuno acostumbrado: un café más una galleta salada. Me acicalaba para seguir buscando trabajo, un trabajo, el que fuera; eran las nueve de la mañana: el momento ideal para evitar el tráfico de la hora pico. Escuché un ariete golpeando la puerta de mi departamento. Solo abrí un poco, sin quitar la cadena. Ví una mujer con evidente sobredosis de tristeza (y esto la volvía un poco más bella), se detuvo a mirarme un momento para después seguir aporreando la puerta. Calma, le dije ¿Te persiguen? Trató de forcejear, sin responder a mi pregunta. Hice lo que cualquiera hubiera hecho: cerré de nuevo. Supuse que era el escenario perfecto para un robo pero aún así quité la cadena, abrí la puerta completamente y la dejé entrar –diablos, odio ser tan fácil-.

Le ofrecí asiento en el comedor, preparé un café y lo puse sobre la mesa, frente a ella. Siempre me resulta difícil hacer preguntas a las personas (y esto ha ayudado antes a destruir mis relaciones), entonces solo pude sentarme en la otra silla, mirar como tomaba la taza y bebía sorbos pequeños que detenían el tiempo.

No, esa mañana no salí a buscar trabajo. La escena del café demoró hasta medio día y yo, yo no me atreví a sacarla ni a dejarla sola. Parecía estar relajada y me sentí con la confianza suficiente para soltar un ¿Y como te llamas? Otra vez no respondió, más bien se levantó y tomó un libro de la alacena (sí, mi alacena alberga libros en vez de comida), lo abrió y me señaló una página. Tomé el libro y, un poco molesto, ataqué de nuevo: Ya, dime ¿Qué es lo que sucede, por qué viniste a este lugar, como o de donde me conoces?

Insisto, detesto ser tan fácil; ella me arrebató el libro, lo volvió a abrir, buscó una página y me lo plantó en el rostro. Ya entendí, dije, te lo voy a leer, tú solo siéntate ahí y trata de permanecer despierta. Aclaré mi garganta y comencé: ‘a la salida de mi frente busco, / busco sin recordar, busco un instante’.

En ese día el elegido fue Octavio Paz, los días siguientes fueron autores de otros tiempos y latitudes. En algún momento mi cuenta con la tienda de la esquina empezó a generar intereses moratorios, debí retomar mi búsqueda de trabajo, cualquier trabajo. La mujer que ahora habita mi departamento tiene todos los nombres y ninguno. No he podido saber nada de ella, he intentado buscar –sin éxito- alguna clave escondida en los libros que quiere escuchar, he revisado los carteles de personas desaparecidas en las delegaciones, siempre con el mismo resultado.

Junto a ella mi vida sucede distinto. Actualmente tengo un trabajo de siete de la mañana a tres de la tarde que me permite estar con ella el tiempo suficiente para leer autores europeos de la posguerra o cubanos en el exilio (ambos odiamos el realismo mágico latinoamericano).


Esta mañana, antes de salir a trabajar me mostró un libro de Dickens: ‘A christmas carol’, se veía entusiasmada con las ilustraciones. Su sonrisa podría desarmar a dios o al demonio; ah, tan solo me pregunto si conceden aumentos para comprar adornos navideños.






Calamar Central
Diciembre 2008, México.
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PD El tema a escribir para el próximo lunes 15 de Diciembre 2008 es 'mañanitas a la virgen' y 'deseo' (sí, ambos en el mismo cuento). Suerte.

1 comentario:

lace dijo...

El titulo de la ficción me parece rebuscado e innecesario. Dentro de todo la narrativa del texto fluye muy bien, es muy ligera. El personaje protagonista califica demasiado, en un afán de hacer accesibles los comentarios acaban siendo pedantes, el narrador parece más esforzado en que conozcamos al protagonista en lugar de narrar una anéctoda.
A mi parecer no termina de ser una historia versosimíl ya que encuentro una contradicción entre los protagonista en cuanto a cómo perciben su universo entre ellos, mientras la femenina actua como una persona voluntariosa, el masculino la trata como una autista, no de una manera determinada pero no creo que se acabae de relacionar a los personajes a travez de sus reacciones a los sucesos.
En el parrafo en que el hombre deja entrar a la chica al departamento él le pregunta si alguien la persigue y le pide calma, pero las acciones narradas no nos dan esa sensacion de persecución.
Según entiendo yo ( y esta discución no forma parte del ejercicio) se considera que Octavio Pus forma parte del realismo mágico a partir de la publicación de El Laberinto de la Soledad.